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¿Envejecen mejor los hombres que las mujeres? Mitos y soluciones en medicina estética

A veces tengo la sensación de que, durante décadas, hemos vivido atrapados en un mito colectivo: esa idea reconfortante de que los hombres, como el buen vino, envejecen mejor que las mujeres. Es una narrativa fantástica, casi poética. El problema es que, cuando abres la puerta de la consulta cada mañana, la realidad te desmonta el cuento en los primeros cinco minutos.

Lo que veo en el día a día es algo completamente distinto. Las mujeres llevan años ganándole la partida al calendario gracias a un cuidado constante y a una medicina estética bien entendida. Ellos, en cambio, suelen llegar bastante más tarde a la carrera. El resultado de este desfase está generando una situación curiosa en las reuniones de amigos: en muchos casos, ellas aparentan bastantes menos años que sus parejas, por mucho que la genética se empeñe en decir lo contrario.

Por suerte, el sector masculino está despertando. Siguen siendo minoría en las salas de espera, de acuerdo, pero la tendencia es imparable. Los hombres han empezado a cuidarse, aunque sus motivos y sus miedos viajen por una autopista completamente diferente a la nuestra.

¿Envejecen mejor los hombres que las mujeres? Mitos y soluciones en medicina estética

Del «agente secreto» al hombre sin filtros

Cuando un hombre de cuarenta y tantos decide cruzar el umbral de Felicidad Carrera, casi nunca lo hace por un arranque de vanidad. Siempre hay un detonante cotidiano, un momento de cruda realidad frente a la pantalla. Me lo confiesan a menudo en un tono de voz sospechosamente bajo, casi confidencial: ‘Es que me vi el otro día en una reunión por Zoom y me asusté’, o ‘Mi mujer me dice últimamente que tengo mala cara, que si no duermo bien’.

El objetivo real casi nunca es «quiero verme más guapo». Lo que buscan, desesperadamente, es dejar de parecer agotados.

Sin embargo, ese deseo convive a veces con un pánico atroz: el miedo a que se note. Si las mujeres buscamos luz, tersura o proyectar ciertas zonas, el hombre más tradicional tiene una única regla de oro que repite como un mantra: ‘Quiero mejorar, pero seguir pareciendo yo’. Ese pánico al cambio radical es tan real que algunos pacientes me piden explícitamente la última cita de la tarde, la de última hora, para asegurarse de que no se cruzarán con un alma en la entrada. Me hace gracia verlos entrar con ese aire de agentes secretos de la estética, intentando camuflar que están a punto de hacerse un tratamiento.

Pero las cosas están cambiando rápido y en la consulta ya conviven dos especies completamente distintas. Frente al paciente «clandestino», ha surgido con mucha fuerza un nuevo perfil: el hombre que no se avergüenza de nada. Llegan pisando fuerte, sin complejos ni tabúes. No se esconden, te dicen abiertamente lo que quieren y, de hecho, son los primeros en recomendar la clínica a sus amigos en mitad de una cena, con la misma naturalidad con la que recomiendan un taller de coches o un buen restaurante. Para ellos, la medicina estética no es un secreto de estado, sino una herramienta de bienestar tan lógica como ir al gimnasio o cuidar la alimentación.

Traductores oficiales de skincare

El contraste en la consulta cuando vienen en pareja es digno de estudio sociológico. Ella suele entrar con el equivalente a media carrera de dermatología aprendida en redes sociales; se sabe los activos, distingue el retinol del ácido hialurónico y entiende perfectamente qué hace el colágeno. Él, por el contrario, llega con cara de haber sido arrastrado a una clase de física cuántica (a menos que pertenezca a este nuevo grupo de hombres sin filtros, que ya vienen con la lección medio aprendida de casa).

En esas primeras visitas de los más rezagados, ellas ejercen de traductoras oficiales. Es una dinámica entrañable: — “A ver, doctora, explíqueselo usted, porque yo le digo que use protección solar y no hay manera. Y mire cómo tiene esta arruga de aquí” —dice ella señalando el entrecejo de su marido—. Él asiente en silencio, como esperando que el trámite pase rápido.

Ese ha sido, de hecho, mi mayor aprendizaje en la medicina estética masculina: entender que ellos necesitan otro lenguaje. No les hables de «luminosidad celestial» o de «efecto glow«; háblales de estructura, de fatiga cutánea, de recuperar el tono que el estrés les ha robado. Cuando cambias los códigos, todo encaja.

Lo que se cuece en cabina (y lo que ellos callan)

Actualmente, los tratamientos que nos piden se concentran en tres frentes muy claros: la calidad de la piel (sobre todo si arrastran marcas de acné juvenil), suavizar las arrugas de la frente y la mirada, y combatir la flacidez para redefinir la mandíbula, que es donde el hombre acusa más el paso de los años a partir de los 35 o 40.

El proceso en cabina tiene su propia liturgia. Al principio, el zumbido suave de la radiofrecuencia avanzada o el frío de la oxigenoterapia se reciben con cierta rigidez corporal. Notas la tensión en sus hombros; están fuera de su zona de confort.

Pero lo mejor, sin duda, viene al final.

Cuando terminamos y les acerco el espejo, ocurre un fenómeno fascinante. Los más tímidos intentan mantener la compostura y la dignidad masculina intactas, tocándose la cara con la yema de los dedos de reojo con una sonrisa que intentan disimular sin mucho éxito. Los de la nueva hornada, en cambio, se miran de frente, celebran el cambio en voz alta y te preguntan cuándo es la próxima sesión. En ese preciso instante, se demuestra que el cuidado ya no entiende de géneros.

El valor de llegar a tiempo

Si tuviera que resumir la gran diferencia en cómo envejecemos unos y otros, todo se reduce a una palabra: prevención. Las mujeres hemos aprendido a anticiparnos, a cuidar la piel de forma progresiva mucho antes de que caiga la primera trinchera. Los hombres suelen llamar a la puerta cuando los signos ya se han consolidado y la flacidez ha hecho acto de presencia. No es que ellas tengan mejor genética; es que empezaron a cuidarse cuando todavía no «hacía falta».

¿Envejecen mejor los hombres que las mujeres? Mitos y soluciones en medicina estética
¿Envejecen mejor los hombres que las mujeres? Mitos y soluciones en medicina estética

En Madrid, en nuestra clínica, abordamos la estética masculina huyendo de los moldes prefabricados. No existen los tratamientos estándar porque no hay dos pieles ni dos envejecimientos iguales. Analizamos la fisonomía, el grosor cutáneo y las necesidades reales para que el resultado sea impecable, progresivo y, por encima de todo, natural.

Si estás empezando a notar que el espejo te devuelve una mirada más cansada de lo que dicta tu energía real, quizás vaya siendo hora de perder el miedo. Tanto si prefieres la máxima discreción como si lo vas a contar orgulloso a tus amigos, una valoración médica personalizada cambiará tu perspectiva. Cuidarse ya no es una cuestión de etiquetas; es, simplemente, bienestar.

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LETICIA CARRERA

DIRECTORA TÉCNICA CENTROS FELICIDAD CARRERA

Licenciada en Farmacia, especialista en Bioquímica clínica y Máster en Nutrición por la UAM. Directora de los centros estético y médico FC. Responsable del módulo de dermocosmética del Máster de Medicina Estética de la Universidad Rey Juan Carlos.

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